10 Apr
10Apr

El seguro surgió como una forma de cubrir el posible resultado negativo de un negocio. 

Como ya vimos en otro artículo, se cubrió por primera vez la mercadería transportada en un viaje de Génova a Mallorca allá por 1347. 

Luego se extendió el negocio a la existencia de seguros lucrativos (mercaderías y negocios) y los no lucrativos ( muerte, entierro, enfermedad o accidentes).

 Esos fueron los primeros pasos y claramente el seguro era algo que básicamente conocieron los comerciantes (sobre todo de ultramar o entre ciudades/países) y aquellos que contaban con dinero suficiente para contratar seguros “no lucrativos”. 

El tiempo fue extendiendo el conocimiento y la posibilidad de acceder a los seguros, en tanto fueron apareciendo pólizas generalistas, que cubrirían bienes accesibles de manera más general.

 Pero en esta instancia, todavía apuntando a riesgos de bienes de cierto valor económico, cuya pérdida conllevaba a la vez una baja importante del patrimonio.

 El siglo XX encuentra al Seguro en su apogeo, sobre todo a partir de la segunda mitad del mismo.

 La primera y sobre todo la segunda guerra mundial, llevaron a las sociedades post guerra a pensar en vivir una vida que valiera la pena para todos. El auge económico de post guerra – contrapuesto a la depresión del 30 y el período de la segunda guerra – llevaron a un aumento notorio en la “riqueza” de las sociedades en general. 

Es por esto que, sobre todo en Europa, Estados Unidos y Asia (Japón principalmente), surgen seguros para muchos bienes a los que accederían la mayoría de las familias, siendo ya no sólo un producto de “élites”, sino que cualquiera podía contratar un seguro para algún bien que poseyera. 


Surge con fuerza la CLASE MEDIA, la cual empieza a tener acceso a bienes que se masifican, agrandando el mercado. 

Para ejemplificar, aquella frase usada en Argentina que dice “LA MAR EN COCHE” surge justamente porque el acceso a un automóvil era absolutamente exclusivo de la clase alta (recordemos que hasta mediados del siglo XX no se hablaba de clase media; eran los “ricos” y los “trabajadores”). Así, viajar a veranear a la costa atlántica en el propio auto daba muestras de pertenecer a los “ricos”. De allí que para mencionar a las familias que poseían muchos bienes de lujo (los ricos), la gente describía dos o tres bienes y finalizaba, resumiendo “ y a la mar en coche”.  


A partir de este crecimiento (por no decir surgimiento) de la clase media, que podía acceder a bienes antes impensados,  se popularizaron las pólizas de autos; casas; educación; salud y  sobre todo los de  un bien obvio y necesario para poder tener todo lo anterior : La vida; generando un auge de los seguros que amparan en caso de muerte o invalidez. 

 Es muy probable que cualquier vendedor de seguros haya escuchado, y más de una vez, al intentar vender un seguro, respuestas como: “dame el más básico”; “para qué, si en mi barrio no pasa nada”; “lo saco porque me lo exigen para…”; “más adelante veo, por ahora no”. 

La más común al hablar de seguros de vida o de retiro: “No, dejá, yo prefiero ahorrar todos los meses esa plata y armar el fondo por mi cuenta”. Ok, pongamos eso como tarea. Supongamos que decido ahorrar U$S 100 por mes con el fin de dejar un fondo a mi familia el día que me muera. 

Bien: mes 1 U$S  100; mes 2 U$S 200; mes 3 U$S 300; mes 4 U$S 400;    mes 5, accidente en la ruta. Total acumulado para dejar a la familia: U$S 400. Si hubiera contratado un seguro de vida o de accidentes, el total seguramente sería de al menos varias centenas de miles. 


Con la primera opción nada cambiaría para los “herederos”, en tanto con el seguro definitivamente les cambiaría la perspectiva. Ya hablaremos – en otro artículo- más en detalle del seguro de vida, su necesidad, su adaptabilidad, ventajas y desventajas y sobre todo de las escasas opciones que existen en nuestro país. _______________________________________________________________________ 


Ahora bien, el objetivo de esta especie de historia del seguro, es mostrar que en realidad es muy posible que exista un seguro apropiada para cada etapa de la vida.

Así, cualquier adolescente que surge a la vida económica, pretende tener su vehículo – una bici, una moto  o un auto.

 Más adelante pretende formar pareja, independizarse, tener su propia casa, en la que desarrollar su propia familia. Tal vez su propio emprendimiento, empresa, consultorio u oficina. 

Tener hijos; mandarlos al colegio y a la universidad.

 Trabajar, jubilarse, llegar a viejo en buenas condiciones de salud. 

Y finalmente, cuando llegue el final, poder dejarle “algo” a su familia y despreocuparlos por los trámites y el costo de un sepelio.

 En esa línea de la vida que describo, cada paso puede estar asegurado. Existen seguros para los vehículos; para las casas; la oficina, el consultorio; la empresa; los estudios; el desempleo; la jubilación; la salud y finalmente la vida, tomando este como un legado y más allá de la muerte, hasta el sepelio. 

Es por eso que tenemos argumentos para rechazar la frase del título, también seguramente muchas veces escuchada: “ Nooo, a esta altura de mi vida ¿para qué necesito un seguro?” 

La respuesta es básica. Para poder lograr lo que planificamos, sin sufrir desvíos en el camino de la vida.

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